GLORIA RODRIGUEZ-PINA. EL PAIS
Hungría ha cerrado este domingo la era de Viktor Orbán. Su rival, Péter Magyar, ha arrasado en las elecciones. Con el 98,7% de los votos escrutados, el candidato del partido Tisza obtiene 138 escaños, frente a 55 del actual primer ministro ultraconservador y prorruso. Orbán ha llamado a Magyar para felicitarle por la victoria. Después, ha comparecido ante sus seguidores para reconocer su “dolorosa” derrota. Un resultado no solo determinante para Hungría sino para toda la Unión Europea: Bruselas se libera del socio más incómodo de la Unión, más alineado con Estados Unidos, Rusia y China que con sus aliados europeos.
“El resultado de las elecciones, aunque todavía no está completo, está claro”, ha dicho el aún primer ministro en la sede donde esperaba los resultados electorales. “No se nos ha otorgado la responsabilidad y la oportunidad de gobernar”, ha continuado, antes de comprometerse a seguir sirviendo a la nación húngara: “Nunca nos rendiremos”. Las cifras son contundentes: casi el 54% de los votos para el partido del opositor frente al menos del 38% del aún primer ministro.
Cuando Magyar ha salido del hotel donde seguía los resultados, ondeando una bandera húngara, para dirigirse a una multitud enfervorizada, miles de móviles se han erguido a su paso. No querían grabar solo al próximo primer ministro, sino al que consideran un héroe por haber derrotado a Orbán después de 16 años consecutivos de gobierno (más otros cuatro a finales de los noventa). La escena ha sido épica, con el edificio del Parlamento de testigo al otro lado del Danubio y la explanada iluminada con antorchas y las luces de los teléfonos.
Magyar ha declarado el fin de la época de Orbán. “Juntos hemos liberado a Hungría. Hemos recuperado nuestro país”, ha dicho. El ganador de los comicios ha calificado su victoria de “milagro”, con un mandato poderoso de 3,3 millones de votos, el mayor conseguido, ha remarcado, en la época democrática del país. “Hungría ha hecho historia”, ha proclamado, y ha prometido gobernar para todos.
Han sido 16 años de corrupción y deterioro democrático en los que el primer ministro ultraconservador se ha erigido como el socio más problemático de la UE. Ni la injerencia electoral de Moscú o Washington ni el apoyo de los líderes mundiales de ultraderecha han salvado al dirigente húngaro en su hora más amarga. Péter Magyar, un abogado salido de sus propias filas, ha logrado lo que ningún otro aspirante: agrietar un sistema que parecía inexpugnable y desalojar de su fortaleza al líder más veterano de la UE.
La participación ha sido de récord. A las 18.30, media hora antes del cierre de las urnas, había votado ya el 77,8% de los 7,5 millones de electores registrados. Es la mayor movilización desde la caída del comunismo, superando la registrada en 2002 (un 70,53%). Los datos reflejan el ansia de cambio que recorría a la sociedad húngara. Las calles de la capital, Budapest, eran una fiesta.
Estas eran unas elecciones cruciales para la UE y sus adversarios. Para Bruselas, la derrota de Orbán es una victoria. Ha caído el abanderado de la lucha contra la Europa liberal, que tenía el objetivo declarado de dinamitar desde dentro la integración europea y el consenso en valores democráticos de la UE. El primer ministro de un país de 9,5 millones de habitantes, el 2,1% de la población total de la Unión, ha bloqueado en los últimos años las grandes políticas europeas y ha usado el derecho de veto como elemento de chantaje. Ya no se sentará en el Consejo Europeo. La piedra en el zapato de la unidad europea ha sido, por ahora, neutralizada.
Rusia y China se jugaban este domingo la permanencia de su emisario, capaz de sacrificar los intereses de sus socios por los de sus aliados del Este. Las denuncias de injerencia de Moscú en los comicios han sido permanentes. Los medios controlados por Orbán y los ejércitos de bots en las redes sociales han difundido la habitual propaganda rusa para generar desinformación, miedo y división entre los votantes. Informaciones procedentes de servicios de inteligencia extranjeros advertían, además, de la presencia de operativos rusos en Budapest dispuestos a ir más allá del espectro cognitivo, con operaciones de falsa bandera. La campaña del Kremlin ha fracasado en las urnas.
La Administración estadounidense de Donald Trump ha hecho todo lo posible también para mantener en el poder a su mayor aliado en la UE. El presidente publicó varios mensajes de apoyo, vinculó su respaldo económico a Hungría a una hipotética victoria de Orbán y envió a su número dos a Budapest, el vicepresidente J.D. Vance. Tampoco funcionó.
La principal cita electoral del año en la Unión Europea supone el primer gran fracaso de la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump, que en diciembre de 2025 se puso como prioridad apoyar movimientos soberanistas como el de Orbán para “cultivar la resistencia” interna en la UE.

Comentarios
EL FIN DE ORBAN
Por fin una buena noticia, ha caido un traidor, ultraderechista que nos estaba llevando a la ruina a todos los europeos.
A Abascal se le están cerrando todas las puertas, esperemos que no sea la última.