EUGENIO MUÑOZ. MARCA
Si es así la nueva Fórmula 1... la diversión ha vuelto. La era más incierta de la historia de la categoría reina se abrió con un Gran Premio de Australia para el recuerdo. Confluyeron batallas, problemas y guerras de estrategia. Aunque quizá no es la mística de los 80 o 90, sí es una F1 que promete emocionar. En el Albert Park de Melbourne reinó un enorme George Russell, pero Mercedes no apalizó al personal. Son las mejores noticias posibles, aunque no sonríen a Carlos Sainz (15º) y Fernando Alonso (abandono). Lo suyo irá para largo.
Mercedes voló en la clasificación y asustó. Pero la carrera no trasladó esas diferencias. Todo lo contrario. Russell sumó un triunfo por estrategia, al adelantar su parada y encontrar rendimiento en las desgastadas duras. Leclerc y Hamilton retrasaron su box y no tenían el ritmo suficiente para un ataque final. Eso dejó al monegasco, quizá el MVP del día, tercero. Con Kimi Antonelli colándose segundo en el doblete de las flechas plateadas. Abren el Mundial al mando, Russell es el favorito.
Para Carlos Sainz y Fernando Alonso la película es diferente. Mayores brotes verdes mostró el 55, pues rozó los puntos durante muchas vueltas, se benefició de guerras ajenas y terminó condenado por una parada sin premio. El coche aguanta, cosa que Aston Martin, con el otro representante español, no puede decir. Para Alonso hubo una salida fabulosa y 15 vueltas de sufrimiento. La fiabilidad no existe y eso es el gran problema en una F1 que abre oportunidades pequeñas.
Más allá de dudas razonables con las vueltas de clasificación o el verdadero espíritu de la Fórmula 1, la temporada 2026 del Gran Circo se presentó en sociedad en el Gran Premio de Australia con 12 vueltas para el recuerdo. Todo se generó gracias a la salida de los Ferrari, con Leclerc encontrando hueco para ser el líder. Russell salvó los muebles, Antonelli sufrió -aunque encontró ritmo- y Lindblad sorprendió. Abrió un escenario donde el uso de la batería y los modos de los nuevos coches cogió todo el protagonismo, regalando una batalla sin cuartel. Allí ya no estaban Piastri y Hulkenberg, eliminados mucho antes de los semáforos.
La nueva F1, con sus pros y contras, se puede definir como loca e imprevisible. En el inicio de Australia pasó por varios ataques de Russell sin éxito tras perder mucha batería o una pasada en la 1. Con Leclerc devolviendo cada movimiento. Al mismo tiempo, Hamilton y Antonelli seguían ahí arriba. El Ferrari vs Mercedes se hizo real tras la rotura de Hadjar, con los W17 cambiando de paso al entrar a box bajo coche de seguridad virtual en la vuelta 13. Los SF-26 alargaron la entrada hasta el giro 26 y sólo hubo un cambio de planteamiento para Russell cuando se colocó con camino despejado.
Propició un desenlace abierto. Mercedes, con Russell y Antonelli en cabeza pero neumático más viejo, se agarró a su confianza en llegar mientras que Leclerc y Hamilton lanzaron su ofensiva con dos vueltas rápidas. Pero Russell tenía ventaja y un ritmo suficiente para sujetar a los coches de Maranello. "Si seguimos así, llegamos hasta el final", fue un mensaje para disparar la confianza.
Cosa que Russell hizo buena sobre la pista. Mantuvo a Antonelli lejos de cualquier cambio de ritmo y Leclerc, muy fuerte toda la carrera, se quedó sin el empuje del inicio. Confirmó que el W17 es el coche dominador y que es capaz de definir en diferentes escenarios, algo que suele definir a los pilotos que se convierten en algo más. El sueño de Russell es ser campeón y con la sexta victoria de su vida confirma que puede ser real.
Las alternativas seguirán en Ferrari y habrá miradas colocadas en Max Verstappen. Salía desde el aparcamiento y se las ingenió para ser sexto en una remontada cortada con un Red Bull sin tan buen despliegue de energía en el tramo final. Lando Norris, quinto, pudo sostener sus movimientos y evitó el desastre completo de McLaren. Todos, aun así, quedan pendientes de Mercedes y Russell. "Me encanta este coche y este motor", lanzaba el feliz británico. Es el primer jefe.
A otra liga pertenecerán los pilotos españoles. Que tampoco están, de momento, en condiciones de pelear en una zona media donde Haas (7º Bearman) y RB (enorme 8º de Lindblad) tienen mejor material. Carlos Sainz lo intentó de todas formas. Pasó a Albon en el inicio y se colocó cerca del top-10, salió beneficiado de la guerra con toques de Gasly y Ocon, pero no había mucho más en el FW48.
Cuando se demandó algo más, el Williams desapareció. Sainz no consiguió encontrar más de su coche, y en los boxes se dinamitaron sus opciones. Cuando salió un coche de seguridad virtual por piezas de Pérez, entró... y no se benefició. Allí murieron sus opciones de puntuar y sólo pudo dejar una buena batalla con Colapinto. Necesita cambios en el monoplaza británico cuanto antes.
Más triste, tal y como se esperaba, fue la situación de Fernando Alonso. Aunque con la que esta cayendo, el de Oviedo dejó su magia en el único momento donde el AMR26 no es el penúltimo coche de la Fórmula 1, la salida. Alonso clavó el inicio, ascendió siete puestos y apareció en zona de puntos. Todo un clásico. Sólo que fue un espejismo y las penurias aparecieron por los cuatro costados.
En un par de vueltas, ya había visto sus pegatinas quitadas por dos coches de la zona media, el Audi de Bortoleto y el Haas de Bearman. Y la triste realidad se confirmó con un encadenado de parada lentísima y el abandono antes del giro 15. Ni 80 kilómetros recorridos. "Hemos encontrado un problema. Para", decían por la radio. Después pisó pista en modo pretemporada, con eso todo se dice del AMR26. Hasta ahí llegó en un año que ya ha pasado de la ilusión al drama absoluto.
Pero así es la F1. No espera por nadie. Y en el nuevo escenario de temporada ya queda claro que habrá batalla en la zona de cabeza. La locura existe y George Russell fue el primero que supo domarla. Es el primer líder del 2026.
