
SERGIO FANJUL. EL PAIS. El actor Manolo Solo, de nombre real Manuel Jesús Fernández Serrano, ha muerto este jueves a los 62 años víctima de un cáncer, ha informado la Academia de Cine. Nacido en Algeciras (Cádiz), Solo, uno de los rostros más populares del cine español —hubo años en los que trabajó en 15 producciones diferentes—, participó en numerosas obras de teatro y películas y ganó el Goya a mejor actor de reparto en 2017 por Tarde para la ira, de Raúl Arévalo, aunque Solo aparecía únicamente siete minutos.
Personaje muy querido, de esos intérpretes que parecen estar por todas partes, su fallecimiento ha causado sorpresa y conmoción tanto en el mundillo actoral como entre los espectadores, que han llenado de mensajes las redes sociales. “Durante sus más de 30 años de carrera, Manolo demostró ser uno de los mejores de su generación, un grandísimo profesional y un gran compañero. Manolo no dejó de trabajar hasta sus últimos días”, han afirmado desde su agencia de representación. Otros mensajes de pésame han venido de los actores Santiago Segura, Miguel Ángel Muñoz, Juan Diego Botto o Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía. Desde la entidad Artistas Intérpretes, Entidad de Gestión de Derechos de Propiedad Intelectual (Aisge) han destacado su “talento estratosférico” y “sagacidad fuera de lo común”.
Su muerte ha dejado especialmente conmocionado a su círculo más cercano en Sevilla, donde se crio y vivió durante tres décadas, hasta que se trasladó a Madrid, informa Marta Maldonado. “Sobre todo era mi amigo”, es lo que ha querido destacar en declaraciones a EL PAÍS el cineasta Alberto Rodríguez, profundamente afectado por la noticia, que lo dirigió en la reciente miniserie Anatomía de un instante o la película La isla mínima, donde también coincidió con Rafa Cobos como guionista, que resume así el sentir de la profesión ante esta abrupta despedida: “Es un momento muy difícil, estamos hechos polvo”.
Lo mismo apunta el director Santi Amodeo, con quien también trabajó en varios proyectos: “Con Manolo se va parte de mi biografía. Estuvimos tocando juntos durante años en [el grupo musical] Los Relicarios, allá por los noventa. Estuvo en mi primera película en solitario, Astronautas, y en la última, El cielo de los animales. Aquí le llegó el cáncer. Y me pidió esperarle. Yo, optimista por naturaleza, le esperé. Le operaron y se curó. Hizo un papelón. Todavía me conmueve verlo. Hace poco descubrimos que no, que no se curó. Una gran pérdida, de las que duelen”.
Aunque destacó como actor de reparto, Solo también hizo papeles protagónicos, muy notablemente en Cerrar los ojos, de Víctor Erice, en el que interpretaba, frente a José Coronado, a un director sin películas. El filme tuvo gran repercusión internacional al ser la esperada vuelta a la dirección de un cineasta de culto como Erice. Recientemente, Solo había participado en la miniserie Anatomía de un instante, basada en la obra del escritor Javier Cercas sobre el golpe de Estado del 23F de 1981, en la que interpretaba al general Gutiérrez Mellado. Otro de sus últimos trabajos fue en Una quinta portuguesa, de Avelina Prat, donde encarnó a un triste profesor universitario de Geografía, perdido en los laberintos de la erudición y abandonado por su pareja. En el último festival de Cannes tuvo buena acogida Aquí, de Tiago Guedes, basada en la obra de J. M. Coetzee, donde Solo realizó un trabajo muy celebrado. La película aún no ha llegado a las salas de cine.
Curiosamente, Solo no quería hacer el papel que le dio su Goya en Tarde para la ira —el Triana—, un toxicómano marginal y fácil de caricaturizar, según contó en una entrevista con este periódico. Y eso que Arévalo, el director, se lo había ofrecido ocho años antes. “Era un personaje con el que te podías lucir o te ibas a partir la cara, y yo estaba seguro de que me la partía”, dijo Solo. Finalmente, le llevó a subirse al escenario de los Goya para levantar el trofeo, dar un discurso... y bloquearse. “Me sobrepasó completamente. Hubo un momento en que me dirigía a Raúl sin verlo, como si el escenario hubiese girado o algo. No sabía ya ni dónde estaba sentado para ubicarme bien, era tremendo”, recordaba.
Además de su Goya en 2017, estuvo nominado en otras ocasiones: por su trabajo en B, la película, de David Ilundain, donde interpretaba al juez Ruz, que instruyó el caso Bárcenas, o por su papel en El buen patrón, de Fernando León de Aranoa, como mano derecha del empresario déspota que encarnaba Javier Bardem.
















