ENRIQUE VILA-MATAS, PREMIO NACIONAL DE LAS LETRAS ESPAÑOLAS 2026

SERGIO C. FANJUL. CARLOTA RUBIO. EL PAIS

Enrique Vila-Matas ha sido galardonado con el Premio Nacional de las Letras Españolas, que otorga el Ministerio de Cultura. El jurado ha elegido al autor, columnista de EL PAÍS, por “su influencia decisiva en la narrativa contemporánea, su aportación a la tradición borgiana en lengua española, así como por una originalidad formal y fidelidad al espíritu metaficcional de Cervantes desde una dilatada y ejemplar trayectoria”. Fundado en 1984, este premio ha recaído a lo largo de su historia en nombres como Juan Goytisolo, Rosa Montero, Miguel Delibes, Bernardo Atxaga, Francisca Aguirre, Rafael Sánchez Ferlosio, Ana María Matute o Francisco Umbral. El premio, que se da a la labor literaria de una vida, tiene una dotación de 50.000 euros.

Vila-Matas es dueño de un universo propio caracterizado por el gusto por el juego, el humor, lo metaliterario y la exploración de los entresijos de la creación libresca. Unos textos en los que se mezclan los géneros, y la novela parece ensayo, el ensayo novela, la ficción realidad y la realidad una cosa muy rara, plagada de escritores con características muy particulares. La literatura y la vida se confunden y ambas conducen al absurdo.

Tras el anuncio del premio, el escritor ha recibido a los medios de comunicación en el mismo lugar donde ha sabido la noticia, la librería barcelonesa +Bernat. Se trata de un sitio muy frecuentado por el escritor, que incluso llegó a convertir en personaje a su fundadora, Montse Serrano, en la novela Aire de Dylan (2012). Desde allí, Vila-Matas ha confesado que considera “muy acertado” lo que ha dicho el jurado sobre su trayectoria literaria, con algún matiz: “Existe la manía de decir que lo que 

hago es metaliteratura, pero no existe; lo que yo hago es una reflexión sobre la escritura y la literatura, como ya hacía Cervantes”. El escritor considera que estas etiquetas, como la de autoficción o la de no ficción, se ponen por motivos comerciales, “pero únicamente existe la ficción”, afirma, “los hechos reales se deforman sin querer cuando los escribimos”.

Sin perder su reconocible espíritu lúdico, el escritor ha agradecido el premio, y ha explicado que ha recibido la llamada en compañía del también escritor Alejandro Basteiro, con quien tenía prevista una reunión: “El premio no solo ha marcado mi día, también la vida de Basteiro, que ahora está convencido de que lleva el azar consigo”.

Según el acta del jurado, Vila-Matas “encarna de manera magistral los principios medulares de la ficción posmoderna a través de un estilo particular donde las fronteras entre realidad y fabulación se difuminan y entremezclan con absoluta fluidez, construyendo un universo literario que dialoga con la tradición mientras la reinventa. Al convertir la duda en método y la lectura en aventura, reivindica la creación literaria como un arte de la inteligencia y del placer”.

Buena prueba de ello es Historia abreviada de la literatura portátil (1985) protagonizada por la “conspiración shandy” (por el Tristram Shandy, de Laurence Sterne), una sociedad secreta fundada en torno a dos principios: primero, que la obra de uno sea portátil y trasladable en un maletín, y, segundo, “funcionar como una perfecta máquina soltera”, es decir, ser autónomo y autosuficiente. Formaron parte de la conjura shandy, según la imaginación del barcelonés, Duchamp, Scott Fitzgerald, Walter Benjamin, César Vallejo, García Lorca o Georgia O’Keefe.

Siguiendo esa línea, en Bartleby y compañía (2000) Vila-Matas habla de esos escritores que un día dejan de escribir, como Juan Rulfo, Arthur Rimbaud o J.D. Salinger y que toma el título de Bartleby, el famoso escribiente del cuento de Herman Melville cuya frase emblemática era: “Preferiría no hacerlo” (y que tanto se lee ahora en camisetas y tote bags, aunque la gente, en general, prefiera sí hacerlo).

El jurado ha manifestado que “su cuestionamiento de la autoridad narrativa, sumado a una agudeza y un humor que raya en el laconismo y la ironía, lo sitúan como uno de nuestros escritores más subversivos. Su obra sustenta un proyecto creativo y arriesgado en el marco de las letras hispánicas, que, a través de un viaje metaliterario apoyado en la cita, el mestizaje y el juego ensayístico, investiga a fondo el género de la novela, la autoría, la identidad personal y el porvenir de la escritura”.

 

En Doctor Pasavento (2005) se centra en la figura de este doctor —que podría pertenecer a la conjura shandy—, a su vez obsesionado por la figura del escritor Robert Walser, que pasó muchos de sus días en un manicomio suizo y que falleció mientras daba uno de sus célebres paseos: la nieve de las montañas fue la que acogió su cadáver. Como Walser, Pasavento escribe cada vez con una caligrafía más pequeña y tiene fuertes deseos de desparecer, incluso de la grandeza literaria.

En Kassel no invita a la lógica (2014) narra la peripecia de un escritor invitado a la Documenta de Kassel, feria de arte contemporáneo conocida por el gusto por la experimentación, la intelectualidad, el pensamiento extremo: allí su función será convertirse en una instalación viviente, una performance que consiste en sentarse a escribir cada mañana en un restaurante chino de las afueras de la urbe alemana.

Como se ve, Vila-Matas es un escritor obsesionado por los escritores (no en vano su columna en la sección de Cultura de EL PAÍS se titula Café Perec, en referencia al célebre escritor experimental Georges Perec), aunque no solo para escritores: la originalidad de sus tramas, su humor intrínseco, su gusto por el desconcierto, lo raro, lo periférico, ha cosechado legiones de lectores sin abandonar, curiosamente, los aires de escritor de culto.

Elena Ramírez, directora editorial de Seix Barral, ha afirmado desde la +Bernat que le gusta especialmente de este premio que “reconoce toda la trayectoria de un escritor que, lejos de mirar hacia atrás, continúa escribiendo como si todavía estuviera todo por inventar”. Vila-Matas corrobora confesando que más que los premios, le interesa lo que está escribiendo ahora, que solo avanza que es, como siempre, una unión de ensayo y ficción: 

“Parte de una experiencia del año pasado, que, a pesar de que quiero reflejar la intensidad y el terror vivido, es imposible trasladarlo a la escritura; el libro es una reflexión sobre la imposibilidad de comunicarse literariamente, que es a lo que siempre me he dedicado”.

Además del presente Premio Nacional, el catalán ha recibido, entre otros, el Premio Rómulo Gallegos, el Herralde, el Formentor de las Letras y el FIL de Literatura en Lenguas Romances, premio que le ha consolidado como un nombre sólido, pero también líquido en su libertad, capacidad de invención y permanente ironía.

El nombre de Vila-Matas suena desde hace años también como candidato para el premio Nobel, que confiesa que ya ha celebrado dos veces como si lo hubiera ganado: “Mi visión de la literatura es la del juego y cuando entré en el top 5 de candidatos para el Nobel me dediqué a criticar a mis supuestos rivales en artículos, para jugar a creerme que ya estaba todo hecho”. El escritor que, como le acusaba Juan Marsé, lee la realidad como si fuera fraudulenta, incide en que “la literatura está siempre allí para divertirse”.

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